Prostitutas alicante feministas prostitutas

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Sabemos que debemos cumplir unas obligaciones, pero también queremos darnos de alta en la seguridad social, si queremos irnos un mes de vacaciones , tenerlo pagado, si nos queremos jubilar, poder jubilarnos, tener sanidad Ella cobra por servicio unos 20 euros, unos 1.

Sin embargo, es en el Polígono del Gato, junto al antiguo casco histórico de Villaverde y el barrio de San Andrés, donde se concentran casi todas las prostitutas. En esta zona el paisaje cambia y se observa un fuerte trasiego de vehículos, de los que continuamente entran y salen las mujeres. La Policía y las ONG que trabajan en la zona consideran que la mayoría son víctimas de trata que se prostituyen obligadas por las mafias.

Las meretrices les propusieron que buscase un espacio donde poder ejercer sin molestar ni ser molestadas. Los vecinos y los comerciantes de Marconi no ven las cosas como Antonella. Díaz asegura que no es partidaria de la abolición, pero tampoco de la regulación. Las multas van desde los a los La portavoz de Afemtras, Ninfa, no se cree estos datos y denuncia que la policía sí multa a las prostitutas.

Iniciar sesión para participar. A ti como hombre te daría igual ser chapero que barrendero? Preferirías esto a tener un jefe abusón? Son todas igual de humillantes? Venga, dejen ya los cuentos chinos, la inmensa mayoria de las putas lo son porque quieren. Y también hay mucho "cliente" intentando justificarse. Infobae dialogó con dos de sus referentes. Es una activista por los derechos de las mujeres, en especial, de las prostitutas.

María Riot su nombre real es Florencia tiene 25 años. Es vegana, animalista, actriz porno y trabajadora sexual desde los Georgina trabaja en la calle, María no. Georgina se inició primero en el trabajo sexual y luego en el feminismo.

Tienen muy en claro lo que son y lo dicen con orgullo: La necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar así nuestra calidad de vida. Si se piensa que el trabajo sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces hay que abolir el sistema. Una opta dentro de las pocas posibilidades que tiene.

En mi caso, ser niñera no me gustó porque no tengo paciencia con los chicos. Como empleada administrativa me sentí super explotada, muy mal paga. A los 21 años me costaba mucho conseguir empleo o los sueldos eran muy bajos, siempre en negro.

Soy de General Rodríguez y nunca podía alquilar en Capital, me costaba mucho estudiar y trabajar a la vez. Viajaba muchísimo y mal. Tampoco tenía la posibilidad de que mis padres me paguen un departamento, como le ocurría a algunas compañeras.

Busqué otra salida para mi vida y el trabajo sexual no era algo que veía de mala manera sino todo lo contrario. Las abolicionistas dicen que hay un abuso de poder del cliente hacia nosotras.

No nos gusta que nos pongan en ese lugar de mujeres tontas, que no sabemos decidir qué precio ponerle a nuestra sexualidad y que el hombre viene y hace lo que quiere. Los límites los ponemos nosotras. Obviamente hay situaciones de violencia que como movimiento de trabajadoras sexuales estamos reflejando todo el tiempo.

Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado. Para el abolicionismo, toda transacción de dinero por sexo es violenta. Solo se puede vivir la prostitución como víctima.

Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces. Todas tienen que ser escuchadas. El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio. Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir.

Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo. Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no. Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo. Nosotras pedimos que caso por caso se vea resuelto.

Que se le puedan dar oportunidades laborales reales a esas mujeres. Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente. Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución.

Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones. Ahí se pidieron derechos laborales. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer.

El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco". El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias.

Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta.

Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista.

Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores. Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores. Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad.

Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante. Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata. De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó. La abolición nunca va a suceder. Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista.

Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero. Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras.

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Ellas serían trabajadoras autónomas y éstos no tienen vacaciones pagadas. Una prostituta feminista, o lo que es lo mismo, alguien que lucha por la igualdad entre prostitutas alicante feministas prostitutas sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. En mi caso, ser niñera no me gustó porque no tengo paciencia con los chicos. Sin clientes no hay plata ríen. Mi hija me hacía sentir culpable por volver al trabajo: prostitutas alicante feministas prostitutas Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución. Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad. Iniciar sesión para participar En esta noticia ya no se admiten nuevos comentarios. En fin me parece de risa. Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente.

Las meretrices les propusieron que buscase un espacio donde poder ejercer sin molestar ni ser molestadas. Los vecinos y los comerciantes de Marconi no ven las cosas como Antonella. Díaz asegura que no es partidaria de la abolición, pero tampoco de la regulación. Las multas van desde los a los La portavoz de Afemtras, Ninfa, no se cree estos datos y denuncia que la policía sí multa a las prostitutas. Iniciar sesión para participar. A ti como hombre te daría igual ser chapero que barrendero?

Preferirías esto a tener un jefe abusón? Son todas igual de humillantes? Venga, dejen ya los cuentos chinos, la inmensa mayoria de las putas lo son porque quieren. Y también hay mucho "cliente" intentando justificarse. Y tampoco oculta su rostro. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad.

En , Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata. Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios.

No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador. Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña. No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce.

Eso para mí es igualdad de género , pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer. El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco".

El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta. Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista.

Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores. Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores. Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad.

Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante. Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata. De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó. La abolición nunca va a suceder.

Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista. Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero. Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras.

Durante mucho tiempo estuvimos dando vueltas en ese discurso de que las trabajadoras sexuales tenemos que combatir la trata.

Pero es como mucho ya, porque tenemos que luchar por nuestras condiciones laborales y también contra la trata. Sin clientes no hay plata ríen.

La verdad que eso fue toda una política de comunicación del anterior gobierno de intentar generar conciencia, que algunos sectores lo utilizaron para intentar penalizar al cliente de prostitución. Nosotras nos reunimos con ellos para decirles que era sumamente discriminatorio, que le estaban trabajando la culpa a los hombres con esos spots.

Los metían entre pausa y pausa en el medio de un mundial. Fue una jugada inteligente. Hay trata de personas en los talleres textiles y en los campos, donde trabajan pibes de seis años.

La trata de personas existe porque hay una complicidad política, policial y judicial. Muchas veces las abolicionistas difunden estudios en los que se afirma que bajó el trabajo sexual. Lo que hizo el gobierno es limpiar las calles. Muchas llegan diciendo "me quedé sin lugar de trabajo. Hoy, en , hay mujeres que van presas de uno a 60 días por ejercer en la calle. El trabajo sexual no es delito en Argentina, pero tampoco hay condiciones para realizarlo.

También creció la organización porque hoy por hoy hay otros medios donde las trabajadoras sexuales cuentan sus experiencias, algo que en el no existía. A nosotras nos escriben desde todo el país contando sus experiencias.

Hay una necesidad imperiosa de contar para romper un poco el cerco del discurso abolicionista que predominó durante mucho tiempo en este país, y que hizo que mucha gente eligiera taparse, esconder su verdadera actividad. Hay familias que lo aceptan y otras que no.

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