Prostitutas de poligono libros de prostitutas

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Las soluciones reales son también demasiado complejas para resumirlas en un par de leyes, como a veces se quiere hacer; la prostitución no puede solucionarse legalmente, sino que es necesario un cambio cultural muy profundo. Las leyes a veces pueden colaborar en ese cambio o pueden, por el contrario, crear nuevas situaciones de injusticia que, a su vez, provoquen reacciones sociales contrarias a lo que en principio se pretendía. A pensar esas cuestiones es a lo que un verdadero debate dentro del feminismo debería dedicarse.

Este libro intenta ayudar a pensar el debate y a provocar que se pueda debatir desde otros lugares. Me contentaría con que alguna persona partidaria de la regulación se replanteara su posición, o al menos, la matizara después de leer este libro. Vente al foro de debate de Pikara Magazine. Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. El debate sobre la prostitución 0.

Beatriz Gimeno Activista lesbiana y feminista, escritora de novela, ensayo y poesía y bloguera. Una actriz porno no tiene porqué ser una prostituta por mucho que lo diga el diccionario. No se porque me he acordado Repito la definicion de prostituta segun la RAE: Si se utiliza para ganar pasta ya se es prostituta??

Creo que no me he explicado o no me has entendido. La definicion de prostituta es: Si tu crees que ser culturista es tener relaciones sexuales, no se que tipo de culturismo conoces tu. Hay prostitutas que solo hacen un servicio a la semana, pero muy bien pagado. Asi que no es cuestion de tiempo, si no de recibir dinero por tener relaciones sexuales. O quien lo hace con un señor, con el que solo esta por dinero.

Y, por cierto, creo que estas "artistas", las pornos, reciben mucho peor trato y son obligadas a hacer cosas mucho mas humillantes de las que pueden tener que realizar aquellas que se ventilan a un cliente en quince minutos. Para que los golferas se puedan desahogar con pobres mujeres explotadas por cuatro perras. La prostitución es una lacra y ninguna mujer desea realmente ser prostituta.

Richard Poulin se tapa los ojos durante la entrevista. Me parece una monstruosidad. Pero déjeme decirle que mientras los llamamientos a favor de una reglamentación de la prostitución son muy fuertes en Europa, son relativamente débiles en América del Norte. Es algo que estamos viendo en Alemania, en Holanda, en Tailandia, en España De hecho, España es el país con mayor demanda de mujeres que ejercen la prostitución de toda Europa. A finales de los años 70 las feministas norteamericanas ya plantearon si esa enorme libertad sexual no implicaba también una sumisión sexual, porque para que la liberación sexual sea realmente una liberación es necesario antes que la opresión contra las mujeres desaparezca, y la opresión no ha desaparecido.

Las prostitutas del polígono se movilizan por trabajar en un lugar digno y seguro. El colectivo 'Reinas y Putas' comienza una recogida de firmas para exigir al Ayuntamiento que acondicione la parcela de Guadalhorce donde fueron trasladadas hace dos años. Imprimir Enviar Rectificar 1 voto 2 votos 3 votos 4 votos 5 votos. Cerrar Envía la noticia Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas. Cerrar Rectificar la noticia Rellene todos los campos con sus datos.

Voluntarios de la campaña recogen firmas en el Centro.

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Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta.

Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular. Se calcula que chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato.

Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. Casi no se las ve. Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto.

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo.

Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María.

La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros.

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Estoy situada, pero me niego excluir la complejidad. La segunda cuestión que me preocupaba es que a mi alrededor muchas jóvenes feministas son proregulación: Podemos decir o pensar que no importa, pero sí que importa y demuestra, entre otras cosas, que muchos de nuestros argumentos abolicionistas ya no conectan con quienes deberían ser aliados o aliadas. Esa es la razón primera que me impulsó a meterme en un estudio profundo acerca de esta institución.

Y siempre desde la convicción de que un verdadero debate sobre una cuestión tan central y tan compleja es imprescindible. Llevamos treinta años discutiendo desde casi exactamente las mismas posiciones aunque unas y otras afirman haberse movido. Pero a nuestro alrededor, en estos treinta años, todo ha cambiado. Así pues he estudiado y analizado el debate de la prostitución intentando encontrar o proponer nuevos argumentos.

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