Prostitutas de amsterdam prostitutas nigerianas

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Que un tipo como él se cortara una oreja no tenía nada de insólito, pero Estaba desnuda y decapitada. La policía, alertada por varios testigos, no tardó en dar con los criminales. Eran tres, dos mujeres y un hombre.

Una de las mujeres se llamaba Anna Buncke y, aparte del crimen, fue acusada de otro grave delito: Aquí empieza el Wallen. Se había detenido en mitad de un puente. A la derecha había una chica que lanzaba pedazos de pan a los cisnes y patos que se deslizaban por las frías aguas del Amstel. El ambiente era animado, uno tenía que esquivar las bicicletas que aparecían de la nada.

De los coffee shops escapa un fuerte olor a marihuana y hachís. Frits me señaló la vitrina de Clea, una de las chicas que había contactado para mi crónica.

Clea tenía puesta la cortina, lo que significa que estaba con un cliente; me quedé observando a una pelirroja en la vitrina siguiente, con los diez centímetros de sus tacones debía alcanzar los dos metros de altura.

El vello del sexo también era rojo y lo había recortado en forma de corazón, las tetas eran medianas con el pezón rosado y diminuto. A través del vidrio se veía el pequeño cuarto, había una grabadora y un abanico de mesa. Sobre la pared de fondo, un cuadro de Rembrandt. Había varios hombres y algunas chicas frente a su vitrina, ella les hizo un gesto para que esperaran y fue a poner un CD en la grabadora. Regresó a la vitrina y empezó a moverse al ritmo de una canción de Moby.

Un rubio bajo y robusto se acercó a la puerta, ella la entreabrió y hablaron. El hombre sacudió la cabeza en forma negativa, ella se encogió de hombros, cerró la puerta y siguió bailando.

Frits me avisó que el cliente de Clea había salido. Del aeropuerto al hotel Eden, en pleno centro de la ciudad, son solo veinte minutos en taxi. Dejé las maletas en la habitación y de inmediato fui a dar un paseo. Le había dicho a Frits que nos viéramos el martes porque antes de hablar con él quería aventurarme por la ciudad sin referente alguno. Me detuve en medio de ellas, sus cabezas flotaban a mi alrededor convirtiendo aquel oscuro y apacible lunes de otoño en un frenético y demencial verano de mil soles.

Sus pequeños y redondos traseros se marcan con fidelidad en la ajustada tela de los pantalones y muchas prefieren no llevar nada debajo. La oscuridad y el frío aumentan y me obligan a entrar a un bar.

Adentro hay hombres mayores que discuten y bromean en aquel brusco e impenetrable idioma. Sus rasgos son rudos y dos de ellos llevan gorros de marineros. El tatuaje en mi cuello llama la atención del barman que me muestra un dragón en su antebrazo.

Pido un whisky y me quedo con ellos en la barra. En mi precario inglés trabo conversación con el barman. Y aquellos hombres rudos se mecían al ritmo de esas baladas y las tarareaban cerveza tras cerveza.

Le respondo que acabo de llegar y él me cuenta que es hijo de aragonés con holandesa. Me dice que se llama Dick y me habla de otro bar donde suelen ir las ex prostitutas y me pregunta si quiero ir. Pago la cuenta y salgo con él. Una anciana viene a nuestro encuentro, se besan y abrazados van hasta la barra, los sigo y me siento con ellos. La anciana es una tailandesa y se llama Saokham.

Observé que la boca de Saokham era larga y de labios delgados como un pez. Dick estaba hablando sobre la Fokker, había trabajado allí treinta años.

La Fokker, que en se declaró en quiebra, había sido uno de los grandes orgullos holandeses. Otro era la Heineken, cuyos anuncios estaban por todas partes. Mientras Dick hablaba yo no podía apartar los ojos de la boca de Saokham. Cuenta regresiva Clea me muestra su licencia. Su tarifa es de 50 euros por cada quince minutos de sexo. Algunas chicas se cuelgan el cronómetro al cuello, así el cliente puede programar él mismo su cuenta regresiva. Frits le explica la clase de fotos que quiere hacer y ella sonríe entusiasmada y le cuenta que en el armario tiene un uniforme de enfermera, pero que su favorito es el de monja.

Le pregunto si en verdad se llama Clea y ella asiente y me recuerda que debo pagarle por adelantado. Ellos todavía viven en un pueblo cerca de Roma, allí nací. Antes de venir a trabajar al Wallen estuvo tres años como cajera de un negocio de calzado en Roma. Tenía un novio con quien salía los sabados a comer. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Una prostituta posa en uno de los locales del centro de Amsterdam. La Haya Contacta al autor.

Tiempo de lectura 6 min. Brujería, deudas y mafias africanas: Respondiendo al comentario 1. Recuerda las normas de la comunidad. Por Fecha Mejor Valorados. No admitimos insultos, amenazas, menosprecios ni, en general, comportamientos que tiendan a menoscabar la dignidad de las personas, ya sean otros usuarios, periodistas de los distintos medios y canales de comunicación de la entidad editora o protagonistas de los contenidos.

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No admitimos publicaciones reiteradas de enlaces a sitios concretos de forma interesada. Pero mientras no me lo impongan aquí me va bien. En el camino tuvo una charla con el taxista: Agencia de cooperación de EE. Era legal, tenía protección las 24 horas y había muchos clientes. Las prostitutas destinan parte de su trabajo a pagar el alquiler de la vitrina. Muchas de esas chicas orientales, africanas, eslavas y latinas son engatusadas con falsas promesas. Tan sorprendente es que nos choque su sistema como que le choque el nuestro. Barbaro me parece usted. Hasta el momento, aprendices se han unido al programa. Click to share on Facebook Se abre en una ventana nueva Haz clic para compartir en Twitter Se abre en una ventana nueva Haz clic aquí para compartir en LinkedIn Se abre en una ventana nueva Hac clic para enviar por correo electrónico a un amigo Se abre en una ventana nueva. prostitutas de amsterdam prostitutas nigerianas

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